Libro 2: 42

—¿Cómo te sientes, Eric? —preguntó Alan a la mañana siguiente en la clínica de la manada.

—Como si mi corazón estuviera casi quemado hasta las cenizas —respondió Eric.

—Lo siento por eso, es bueno que todavía estés vivo, habría sido bastante doloroso perderte justo después de recuperarte —dijo Alan—. ¿Qué recuerdas aparte de anoche?

—Puedo recordar la pelea y el dolor del veneno apoderándose de mí. Después de eso, no recuerdo nada más aparte de una voz que me pedía que fuera a buscar a Aliya
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