Adriana se asustó un poco y, por instinto, quiso gritar pidiendo ayuda, pero al levantar la vista, vio que era José.
—¿Por qué me preparaste una fragancia que huele a “enviado infernal”? —se acercó a ella.
—Sería más adecuado decir “vampiro” —respondió Adriana.
Adriana se alejó de él, se quedó lo más lejos que pudo.
—¿Acaso no te pareces a un vampiro? ¿Viviendo de la sangre de los demás para obtener vida eterna?
—¿Acaso soy tan aterrador? —preguntó José.
—La verdad sí.
—¿Me odias de veras tanto?