Afuera hubo como treinta minutos de caos.
Adriana y don Lorenzo escucharon a alguien gritar que la luz había vuelto. Después del ruido inicial, todo quedó en silencio. Mientras pensaban cuándo sería el mejor momento para salir, de repente, afuera volvió a armarse el alboroto.
Alguien gritó:
—¡No se muevan!
Luego, se escucharon los gritos de los clientes.
Adriana y don Lorenzo se dieron cuenta de que la cosa no estaba bien. Se miraron, asintieron y aguantaron la respiración. No pasó muc