Adriana subió alautoauto, mientras Rafael que estaba conduciendo bajaba.
José tomó el volante.
En el auto solo quedaban ellos dos.
—Señor Torres... ¿cómo llegaste aquí? —preguntó Adriana, sintiendo una extraña sensación al ver a José en esa remota zona de montaña, recordándole la noche del baile.
Ella hizo una pausa, y fue José quien rompió el silencio.
—Te dije que regresaras a casa, ¿por qué no lo hiciste?
—¿Ah? —Adriana abrió los ojos, ¿solo por eso? No creía que él viniera hasta aquí s