Llegó el día siguiente y estoy en mi oficina bastante nerviosa. No pegue los ojos en toda la noche de sólo pensar en lo que Eduardo me dijo. Y todavía ni me he aparecido en su oficina cómo todas las mañanas con su café, es más prefiero que Marleny se lo lleve hoy porque no lo quiero ni ver.
Tocan la puerta y mi modo alarmante sale a flote, miro para todos los lados viendo dónde me esconderé. Con lo enojado que estaba mi jefe ayer estoy segurísima que hoy está hasta más.
—¿Puedo pasar?—escucho