Me quedé boquiabierta cuando empezó a reírse a carcajadas, con una risa llena de alegría y sin ningún atisbo de razón o sentido común. En ese momento, parecía menos un hombre y más una criatura consumida por los apetitos más bajos, esclavo de sus antojos más grotescos.
"Jessica, querida", dijo entre dientes y volvió a reír. "Es que me gusta así, dame más, nena. Dame más...", soltó con un fuerte gemido y sus genitales empezaron a endurecerse de nuevo, tensándose obscenamente contra los límites d