Tal vez sin darme cuenta estaba haciendo progresos y recuperando su confianza, poco a poco. Parecía estar tratando de probar algún punto sádico dejándome la libertad de irme. Me decía en voz alta que, tanto si me quedaba como si me iba, no le importaba porque tenía a su disposición todo un grupo de mujeres desechables con las que sustituirme.
Era un juego tan contradictorio y ridículo. Si de verdad intentaba decir que no le importaba que me fuera para siempre, ¿por qué me hizo romper mi propio