—Y cierta persona, además, no deja de buscar formas de acosar y perjudicar a la persona que realmente ama, y ahora hasta se jacta, con aires de superioridad, de ser la esposa legítima. Si hablamos de descaro, ¡¿quién podría compararse con ella?!
En cuanto Nancy terminó de hablar, volvió a escucharse un murmullo en la sala.
—¿Así fue como Rebeca llegó a esa posición? Si es así, aunque la señorita Mena sea la tercera, parece que... se le puede entender, ¿no?
—Claro. Al señor Lafuente nunca le gust