—¿Y ahora qué hacemos?
Karen no entendía de inversiones ni del sector, pero le daba miedo quedarse sin dinero.
Miró a Natalia.
—Prima, en cuanto a Logan...
Aún no había terminado de hablar cuando sonó el celular de Natalia. Al ver quién llamaba, se relajó y se apresuró a contestar.
No se sabía qué le dijeron al otro lado de la línea, pero su rostro, que antes estaba tenso, se fue relajando poco a poco hasta recuperar su habitual expresión tranquila y serena.
Sonrió y dijo:
—Está bien. Voy para a