Apolo
Me siguió hasta el pasadizo, me incliné para liberar la trampilla de la portezuela que nos llevaba de nuevo a la sala y me metí a través del estrecho agujero a gatas con Massimo por detrás. Cuando abrí la puerta que estaba debajo de la escalera, la sala estaba en completo silencio. Respiré profundamente antes de sortear los cuerpos de mi grupo.
Subimos con cuidado las escaleras, en busca del grupo que custodiaba a Adrián, solo esperaba que no fuese demasiado tarde.
Arriba había un par de