Las horas pasaban y todos en la casa estábamos desesperados, no había nada, ni una llamada, o un mensaje que nos diera el más mínimo indicio de cómo estarían los acontecimientos en los refugios del Diablo. El detective irrumpió en la mansión, pero su molestia se hizo evidente cuando relatamos los hechos.
- Necesitamos las direcciones, iré con mis hombres - dijo - podrían correr peligro. No creo que Ramsés esté solo.
Las deducciones del oficial de la policía me aterraron. Ellos eran jóvenes