Hogar

—Detente, ¿quieres? —suplica con voz entre cortada—. A la próxima te atenderé primero, antes de sacarte de la casa.

—¿Qué pasa? ¿No aguantas?.

No voy a negar que frotarlo me tiene caliente, y más con los gruñidos y gestos tan tiernos que hace.

—No seas mala, mujer. Nos vamos a accidentar por tu culpa —aprieta fuerte el volante, poniendo una expresión muy erótica en el rostro—. Por Dios, bailarina.

Sigo frotando mi mano por encima de la tela. Su miembro está muy erecto,

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