Adriana Jensen
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Mientras Saint me llevaba al dormitorio, bajé la cabeza y le di un beso en el cuello.
—Para de distraerme. No quiero dejarte caer —me regañó, pero lo hice de nuevo. Esta vez, mordí suavemente la piel, sin querer romperla. En respuesta, su palma cayó sobre mi culo.
Solté un jadeo.
—¡Saint!
Empujó la puerta del dormitorio y entró, dejándome caer sobre la cama. Los dos estábamos desnudos y yo estaba más que lista para entregarle mi virginidad cuando de repente se detuvo.
—No tengo