Sofía
Mis manos comienzan a sudar y el latido furioso de mi corazón lo siento en los oídos. No sé cómo diablos me metí en esta situación, o, cómo saldré de ella.
—¿Salmón está bien? —pregunta Evan desde la cama antes de hacer el pedido.
—S-sí, está bien —respondo nerviosa.
—Bien, envíe un plato de Salmón Wellington y otro a la Carbonara, sin cebollitas y solo un toque de aceite de oliva —describe perfectamente el que, sabe, es mi plato favorito y guarda silencio de pronto, dándose cuenta de lo