22. El hubiera no existe
Evan
Nunca en la vida me había sentido tan ansioso como ahora que conduzco al límite de velocidad que me permiten las calles de San Francisco. Mi pulso es tan rápido y fuerte que me taladra los oídos; el camino se me hace eterno desde mi departamento hasta el edificio de James y con cada kilómetro que me acerco, la incertidumbre amenaza con hacerme perder la cordura.
Me estaciono mal frente a la acera de la enorme torre de departamentos, donde mi amigo ya me espera con las grabaciones de la emp