Con los focos de las cámaras iluminándole el rostro, Gladis parpadeó repetidamente mientras contemplaba a la multitud congregada en la entrada.
—¿Cómo te atreves a hablarme así? ¡Seguridad! —su voz temblaba mientras hablaba—. No soporta la humillación, supongo. Frente a su propio personal, soy todo un espectáculo... y no cualquier espectáculo.
—¡Seguridad! —gritó, pero nadie respondió. La multitud permanecía inmóvil, curiosa por ver qué ocurriría a continuación.
—¿Dónde están esos malditos trab