Silas miró la mano extendida hacia él, el plástico crujiendo suavemente en el silencioso pasillo. Tragó saliva con fuerza, un movimiento tenso y visible en su garganta, antes de que sus grandes y curtidos dedos rozaran los de ella para tomar la bolsa. El breve contacto se sintió como el impacto de un rayo. —Gracias, Alfa —murmuró él, con voz espesa.
Elara no retiró la mano de inmediato; se mantuvo firme, evaluándolo con la mirada. Buscaba grietas en su armadura, buscaba al hombre que había temb