Capítulo 38
Una espesa humareda negra se extendía bajo las nubes oscuras, enmascarando el olor a agonía que flotaba en el aire.
Escuché sus voces y me estremecí, sintiéndome inseguro.
"Sálvanos, Alex."
"¡Alex!"
Sus gritos revelaban el horror de la noche, acompañados por el crepitar del fuego y el crujido del metal que se doblaba bajo el calor.
Entonces llegó la euforia.
Casi lo sentí. Casi lo saboreé.
La residencia del Árbol Único.
"Sangre Etérea..." Su voz se apagó.
Me llamó.
Ni una sola vez,