Pedro no respondió a las palabras de Bella, sino que le dijo con voz fría: —Tienes dos horas para volver a casa, o se acaba el trato.
A Bella le molestaba el tono altivo de Pedro.
Soltó una risa irónica: —No, gracias. Me gusta el dinero, pero si eso significa seguir atada a este matrimonio, prefiero pasar. Yo misma puedo ganar lo suficiente, no necesito que me uses a tu antojo.
Pedro se quedó sin argumentos, evidentemente. —El peligroso incidente de hace unos días, ¿ya lo has olvidado tan pronto