—Nadie va a poder salvarte, si me sirves bien hoy, cuando esté de buen humor, tal vez te deje ir.
Luis se dio cuenta de los pensamientos de Bella y presumió. —Señora Romero, tu esposo ya ha advertido a todos que quien se atreva a ayudarme se estará oponiendo a él. Esta vez, los de orfanato que testificaron en contra también fueron obra suya.
—Así que, si tienes a quién culpar, culpa a tu mala suerte por haberte casado con ese hombre. No puedo competir con él económicamente, así que la única opci