Pedro no mostraba interés por los animales pequeños.
Sin embargo, Natalia estaba entusiasmada, así que, para evitar el silencio incómodo, él preguntó: —¿Por qué?
—Su pelaje es muy suave y es muy obediente. ¡Cuando le doy de comer, le gusta lamerme las manos! —dijo Natalia, riendo de sus propias palabras.
Al notar que Pedro no decía mucho, se sintió un poco avergonzada. —Lo siento, no puedo evitar hablar de Mimi.
Pedro, distraído, pensó en Bella.
A ella le encantaban los conejos y pandas, y siemp