—¡Aléjate de mí! —exclamó Bella, visiblemente irritada.
Como era de esperarse, los estímulos de Pedro habían debilitado sus fuerzas, y hasta su voz sonaba temblorosa.
Como la de un pequeño gatito indefenso que intenta arañar con sus débiles garras.
En ese momento, la pasión de Pedro se volvió incontenible. Tomó la mano de Bella y la llevó a cierta parte de su cuerpo, con la voz ronca diciéndole: —Bella, te extraño tanto que creo que voy a explotar...
Al sentir la dureza, el rostro de Bella se en