La voz de Pedro era gélida, lo que erizaría la piel de cualquiera que la escuchara.
Anna luchó contra el escalofrío y suspiró con desánimo.
—Pedro, tal vez te cueste creerlo, pero hice eso pensando en ti.
Anna lo miró directamente a los ojos, con una profunda tristeza. —Creí que era el momento perfecto. Si Bella lograba salvarse, su bebé seguiría vivo.
»Aunque nunca me lo has dicho, puedo ver que la existencia de este bebé te genera un gran malestar. No quería que sufrieras por eso, así que en e