Al percibir la frialdad en los ojos oscuros de Pedro, Manuel sabía que se había pasado hablando así, entonces encogió un poco el cuello y se rio juguetonamente: —Pedro, quiero decir que lo has hecho con buenas intenciones, pero en forma incorrecta. Ponte en su lugar, si la cuñada va al hospital a ver a un hombre a medianoche y luego te trae un regalo destinado a otra persona, ¿estás contento?
Escuchando sus palabras, respondió con impaciencia frunciendo el ceño: —Ella siempre me pedía regalos an