135. Despertar
Subí las escaleras en dirección a su habitación con el corazón en las manos, la verdad es que la angustia que sentía cuando se trataba de ella era inexplicable.
Nada cambiaba.
Otro día más, uno menos, todos eran bastante iguales, todos tenían la misma escencia de desesperación, de miseria, de estatismo, mi condición se iba a estancar asi por los siglos. No habría cambio para mi.
No habría noticias frescas.
Estaba condenado.
Desde su partida…
Solo espero que algún día pueda volver a nosotros.