Julia sintió que la conmoción y la preocupación se fundían en una sola. Se sobresaltó y la ayudó a levantarse, exigiendo: "¿Qué te pasa, Deirdre? ¿Por qué estabas escondida en el armario? Y Dios, ¡¿por qué tiemblas tanto?!".
Las pestañas de Deirdre temblaban. Buscó desesperadamente su voz y cuando por fin salió como un susurro agitado, exhaló: "Estoy... bien...".
"¡No me vengas con esa tontería! ¡Parece que acabas de ver un fantasma!".
Deirdre soltó una carcajada seca. Era como si hubiera ten