La malicia brotaba de los ojos de Brendan. Se parecía menos a un hombre y más a un monstruo rebuznando por sangre. “¡Te dejé libre, Sterling! ¡Cómo te atreves a escupir en mi buena voluntad! ¡¿Cómo c*rajos te atreves a llevarte a mi mujer?!”.
La mejilla de Sterling ardía de dolor, pero eso no hizo nada para detenerlo. Él se rio. “¿Tu mujer? ¡Ah, ya veo! Ser forzada a cumplir con la condena de otra persona por un crimen que ella no cometió es un privilegio de ser tu mujer, ¿eh? Ser deshumanizado