Amelia
En cuanto entré al vestíbulo esa mañana, presentí que algo andaba mal. Declan estaba allí, demasiado cerca de Kelvin, con la voz alzada y el lenguaje corporal tenso, como si una pelea pudiera estallar en cualquier momento. Habían pasado tres semanas desde la última vez que Declan apareció, y verlo ahora me encogía el estómago. No necesitaba que nadie me dijera por qué estaba allí.
El corazón me latía con fuerza mientras caminaba hacia ellos, con mis tacones resonando suavemente contra el