Jennie Marković (POV)
Era viernes.
La ciudad allá afuera se sentía diferente: más suelta, más ruidosa, con esa energía inquieta y expectante que se colaba cuando la gente creía que por fin había dejado atrás la semana. Desde la altura del penthouse, podía ver los faros acumulándose abajo, oír bocinas lejanas a través del cristal, sentir el zumbido del movimiento incluso desde tan alto.
Estaba en el sofá, con las piernas recogidas debajo de mí, fingiendo leer algo que ya había hojeado tres veces