—Entonces, ¿cómo lo llamo? ¿Lo llamo hermano Alvarez? ¡Ay, madre mía, eso suena tan anticuado! ¿Llamarlo cuñado? ¡Ni siquiera me atrevería!... ¿Patricio? ¡Eso también es tu patente! Dime, ¿cómo debería llamarlo? —Ivanna protestó mientras contaba con los dedos.
Patricio levantó ligeramente la comisura de los labios y dijo con indiferencia: —Patricio no es su patente, ¡el esposo es su patente!
Al pronunciar esas palabras, tanto Luciana como Ivanna estallaron en júbilo.
Actuaban como si fueran niña