Lo que no esperaba fue que Ivanna me informara ayer que Mariana había ido a buscar a Lucía. Sin embargo, hoy Lucía llegó a mi oficina para encontrarse conmigo.
Cuando esta inesperada visitante entró en mi oficina, me sorprendí un poco.
Observé cómo Lucía, con toda su actitud, entraba moviendo sus caderas de manera provocativa. Me recosté profundamente en mi silla y le pregunté con una sonrisa sarcástica: —¡Oye! Señorita Montes, ¿se ha equivocado de puerta? Después del trabajo, somos vecinas, per