Mis ojos se encontraron con los de la mujer que sostenía la percha, su mirada era penetrante y arrogante. —¡Este vestido lo vi primero!— dijo con desdén.
—Sin embargo, fui yo quien lo tomó primero— respondí con calma.
—¿Y qué importa eso?— replicó ella con desprecio, añadiendo con autoridad—, lo vi primero, así que solo si yo renuncio a él, otros tendrán el derecho de elegirlo.
Observé a la mujer frente a mí. Su cabello ondulado caía sobre un hombro, lucía un maquillaje meticuloso, y su barbilla