250. Alertas
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Dimitri se inclinó hacia atrás en su silla de cuero, con el teléfono móvil pegado a su oído y el ceño fruncido de frustración. La luz tenue de su oficina proyectaba sombras largas en las paredes, haciéndolo parecer aún más siniestro.
—¿Y? ¿Ya habló? —preguntó, su tono cortante reflejando su impaciencia.
Al otro lado de la línea, uno de sus hombres dudó antes de responder. Sabía que Dimitri no toleraba la incompetencia.
—Aún no dice nada, jefe. El tipo insiste en que no sabe nada… Pero po