Cira y Gerardo retrocedieron casi al mismo tiempo, uno retrocedió y el otro se puso de pie, creando distancia, pero sus miradas se dirigieron instintivamente una a la otra.
Unos segundos de silencio espontáneo añadieron un toque de ambigüedad a esa habitación perfumada con aroma a azahar.
Cira vio cómo la garganta de Gerardo se movía ligeramente, y de repente esa ambigüedad adquirió una forma más concreta.
En su mente pasó un recuerdo de la escuela secundaria, cuando fue a buscarlo para que le a