Cira se encontraba tan cerca del pecho de esa persona, que parecía poder percibir un aroma tenue, desconocido pero agradable.
Ese olor recordaba a los cipreses en filas del bosque en la mañana, con su frescura húmeda y enigmática, invitando a la exploración.
Cira se quedó atónita durante dos segundos, y luego levantó la cabeza por instinto, intentando ver el rostro del hombre.
Pero en ese preciso momento, sus ojos fueron cubiertos de nuevo con la tela negra. Resultó que el hombre recogió la tela