Morgan no se molestó en explicar.
Nunca solía explicar nada a nadie.
Parado en la baranda del segundo piso, miraba hacia el vestíbulo, su mirada se extendía desde la puerta abierta hacia la oscuridad exterior.
La noche ya estaba muy avanzada.
Morgan giró la cabeza: —Ve a descansar, la familia Lirio ha preparado una habitación para ti.
—¿Y tú? —Estela preguntó casi sin pensar.
Morgan frunció ligeramente el ceño, aunque sin mostrar descontento, pero ella sabía que no le gustaba que se entrometiera