Cira levantó sus ojos con serenidad, calmada y compuesta: —Señor Zúñiga, usted ha confundido a alguien, no soy la Mila de la que habla.
—Oh, me equivoqué —admitió Joaquín, fingiendo una súbita realización, y levantó el pulgar en señal de aprobación. —La señorita López no es Mila, es una buena ciudadana que proactivamente proporciona pistas a la policía. Por una palabra suya, mi bar ha estado cerrado para reorganización hasta ahora.
Cira mantuvo su expresión imperturbable.
Joaquín no pudo intimid