El humidificador en la habitación rocía finas gotas de agua, impregnando el aire con un sutil aroma a naranja.
La mujer en la cama ya estaba sumida en un sueño profundo, acurrucada en las sábanas blancas, pareciendo una delicada y hermosa flor de diente de león sin apoyo alguno.
Gerardo se sentó en el borde de la cama, apartó las mantas sin preocuparse de despertarla.
No mostró ninguna reserva, como si esta intimidad fuera completamente natural entre ellos.
Cira, que temía el frío, llevaba un pi