La humedad se volvía más intensa, la noche acumulaba su frío en una fina niebla que se tejía bajo las farolas, creando sombras borrosas.
Cira mantuvo la calma: —No sé de medicina. Incluso si lo veo, no puedo curarlo. El señor Vega debería buscar a un médico.
Ella no respondió a sus palabras con connotaciones ambiguas.
Morgan suspiró mientras observaba el rostro de Cira iluminado y oscurecido por la luz de la ventana del automóvil.
Ella llevaba puesta su chaqueta, que era un poco grande, resaltan