Mundo ficciónIniciar sesiónLas manos de Edward temblaban con tanta violencia que estuvo a punto de dejar caer el teléfono. Durante unos segundos, la lengua se le pegó al paladar y lo único que salió de su boca fueron respiraciones cortas, harapientas e incrédulas que le raspaban el pecho como vidrio roto. Su cuerpo entero se sacudía con un alivio tan abrumador que rozaba el dolor.







