36. También te extrañé
Sasha estornudó por quinta vez esa mañana. Su hogar estaba caliente, pero su cuerpo se encontraba frío. Sin lugar a dudas iba a morirse en cuestión de segundos por tales desgracias que le estaban pasando. Tenía dos maletas llenas de ropa, utensilios y un montón de cosas más que debía usar durante sus días en Irlanda.
Axel seguía dándole la ley del hielo, y ella cumplía todas sus peticiones al pie de la letra para que le diera un poco de sus feromonas. Quería tenerlo un poco más cerca de ella, p