22. En los brazos del diablo
Al día siguiente, se puso su mejor ropa. No tenía por qué seguir usando ese tipo de ropa. La universidad estaba cerca, y como no quería tomar un taxi caminó a pasos lentos hasta el campus.
Las personas que la conocían se le quedaban viendo por el repentino cambio de ropa que tenía. Ella no era el tipo de chica que andaba por ahí mostrando de más, solo que esa vez ella decidió dejarse llevar por el buen gusto de su madre.
— A la verga —dijo Liliana mirándola desde los escalones—. Estás hermosa,