El vuelo duró siete horas.
Kara durmió cuatro de ellas.
No porque estuviera tranquila. Porque había aprendido en la vida que el descanso no era una recompensa para cuando las cosas se calmaran. Era un arma que debía conservar independientemente de las circunstancias. Un cuerpo que no duerme comete errores. No podía permitirse errores en Florencia.
Xavier no durmió.
Lo supo porque, al despertar, él estaba en la misma posición en la que había estado cuando ella cerró los ojos. Erguido. Leyendo al