Cuando escuché el motor de un coche, supe que él ya había llegado. Miré alrededor de mi casa, preguntándome si esa sería la última vez que la vería. Quizás, mi vida cambiaría para siempre. Todavía no aceptaba el hecho de que me convertiré en una esposa, una mujer casada, atada a un hombre.
Una sonrisa irónica surgió en mis labios.
—Pero todo es por el bien mayor, ¿verdad? —Lancé la pregunta al espacio vacío de la que fue mi casa durante toda mi infancia, adolescencia y parte de mi adultez.
Nadi