El pavor me invade y quiero cavar un agujero, meterme en él y, posiblemente, no volver a verlo. No, no quiero decir eso. Supera a la angustia desgarradora de estar sentado en tu pupitre en clase esperando a que el profesor te devuelva el examen calificado. O estar inmóvil al volante durante el examen de conducir, temiendo que un pequeño error te haga suspender. O la inminente caída de una montaña rusa que te hace sentir que tu estómago va a saltar al cielo junto con el resto de ti.
El inquieta