Cuando abrí la puerta de la sala de descanso, perdí toda esperanza hasta encontrar a Harry. Casi se golpea la cabeza en la mesa mientras se pone de pie, sosteniendo algo en su mano.
—¡Lo encontré! Se te debe haber caído mientras comías, o algo así —exclama, de pie a su altura de seis y pico. Mis pies no podían moverse más rápido hacia él, ni su sonrisa podía ser más grande.
—Sí. Ahora recuerdo que derramé yogur en mi mano y el anillo. Quería lavarlo, pero debe haberse caído de la m