112. Una confesión sorprendente
Sarah
La rabia hervía dentro de mí mientras me dirigía al escondite de Mason. Él estaba sentado en un elegante sillón, con la mirada fija en las llamas de la chimenea, mientras yo me acercaba.
"Mason", llamé su nombre, mi voz cortante resonando por las paredes de la sala oscura.
Levantó los ojos hacia mí, su mirada fría penetrando en mi alma. "¿Qué pasa, Sarah?" Su voz era un susurro gélido, cargado de desdén.
"Tenemos un problema", comencé, manteniendo mi expresión controlada. "Perdí al prisio