CAPÍTULO TREINTA Y UNO

—Gracias, Ekaterina—dice Theo una vez que termina de lanzar el hechizo del escudo plateado.

Retrocedo y le doy espacio a Theo para derribar la puerta de la celda de mamá. Planeamos rescatarla esta noche. No tenía forma de salvarla porque habría sido difícil sacarla a escondidas ya que no puede enmascarar su olor como yo. Con Ekaterina aquí, podemos teletransportarnos a algún lugar seguro antes de que los vampiros s

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Anabel JiménezNo puedo seguir con tu libro, tal vez más adelante, se me está haciendo difícil leerlo hay demasiada información y no encuentro sentido a nada...
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