Mundo ficciónIniciar sesiónAurora… Aurora… Aurora…
Ese nombre se me repite una y otra vez y me es imposible sacármelo de la mente. En cuanto Bajhor y yo la vimos entrar, el pelinegro muy bajito me pidió que saliera de su oficina. En este momento me encuentro como estúpida caminando de un lado a otro y la única que es capaz de verme en este estado es Grecia. Esta se encuentra un tanto estresada y a mí me pica la lengua por preguntar qué es lo que ocurre y porque esa mujer le altera los nervios.







