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Al siguiente día, en la capital.
Gonzalo despierta y mira a Isabella organizando sus cosas en una de las maletas.
—Amor… “Muñequita”. ¿Qué haces?, es muy temprano. —Le pregunta extrañado.
—¿No vez?, arreglo, mis maletas porque me marcho.
—¡No, fue una trampa de ellas, Isabella! —Exclama él y se levanta apresurado.
—Que caíste muy bien en ella. Talvez sea extrema, pero sé lo que vi y no me insista porque no voy a quedarme.
—Pues te llevo a la parada de bus, no quiero que te pas